Filipina de citas

Necesito Algien Con Quien Puedo Practicar mi Espanol

2020.02.25 02:26 tangabuster Necesito Algien Con Quien Puedo Practicar mi Espanol

Hola! Soy de Filipinas. He aprendido español en un instituto acqui. Recientemente obtuve un Diploma DELE A2 y Quiero avanzar a B2 antes de fin del año. Hablo ingles muy bien. Si quieres mejorar tu ingles, puedo ayudarte. Podemos hablar por skype o Whatsapp.
P.S. Soy un chico. Si eres otro chico también buscando una cita, no lo soy. Jajaja (Porque había algunos que pensaban era una chica). Jajaja
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2019.05.20 22:01 contenidospyme ¿A dónde puedo viajar con el pasaporte mexicano sin visa?


El pasaporte mexicano es una identificación oficial que brinda a los mexicanos la facultad de salir del país y entrar a una cantidad importante de países sin la necesidad de tramitar una visa.
De acuerdo a la consultora internacional Henley & Partners, nuestro pasaporte es el 28 más poderoso del mundo de acuerdo con los 139 países a los que puede viajar sin necesidad de visa o tramitarla en el aeropuerto.
Para calificar, la consultora británica otorga puntos a los pasaportes por cada nación en la que permiten entrar sin visado u obtenerlo directamente al entrar, -entre más países pueda visitar, más alta es la calificación del pasaporte.
¿Cómo tramitar el pasaporte?
Se realiza en la Secretaría de Relaciones Exteriores, para ello es necesario llamar por teléfono y solicitar una cita o hacerlo directamente desde internet.
Posteriormente, se tiene que llenar una forma descargable en línea con datos muy básicos como nombre y curp, y asistir a un banco a cobrarlo.
Cabe mencionar que existen diferentes modalidades para tramitar el pasaporte:
Por un año: 610 pesos (modalidad disponible sólo para menores de 3 años).
Por tres años: 1265 pesos.
Por seis años: 1735 pesos.
Por diez años: 2670 pesos.
Una vez que el pasaporte haya sido aprobado, se entrega en un lapso de dos semanas aproximadamente.
Países a los que se puede entrar sin visa:
Estos son los 92 países a los que pueden viajar los mexicanos sin visa, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores:
Albania, Alemania, Andorra, Antigua y Barbuda, Argentina, Austria, Bahamas, Barbados, Bélgica, Belice, Bolivia, Bosnia y Herzegovina, Botswana, Brasil, Bulgaria, Chile, Chipre, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Dominica, Ecuador, El Salvador, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Filipinas, Finlandia, Francia, Georgia, Granada, Grecia, Guatemala, Haití, Holanda, Honduras, Hong Kong, Hungría, Indonesia, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Jamaica, Japón, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malasia, Malta, Marruecos, Mauricio, Micronesia, Mónaco, Montenegro, Nauru, Nicaragua, Noruega, Nueva Zelanda, Palestina, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, República Dominicana, Rumania, Saharaui, San Cristóbal y Nieves, Samoa, San Marino, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Santa Sede, Serbia, Seychelles, Singapur, Suecia, Suiza, Timor-Leste, Trinidad y Tobago, Túnez, Uruguay, Vanuatu y Venezuela.
En el caso de otros países, como por ejemplo, si usted desea hacer un Tour a Tierra Santa puede tramitar un permiso desde el aeropuerto que le permitirá viajar legalmente por el país por 60 días.
Puedes consultar la lista completa aquí: https://www.passportindex.org/byRank.php
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2017.03.19 16:22 felipostero China ha marcado con claridad el camino del futuro para dar un vuelco radical al orden financiero y económico vigente y le ha puesto un nombre a su estilo : El cinturón, la carretera y los pasos hacia el "gran salto"

China ha marcado con claridad el camino del futuro y le ha puesto un nombre a su estilo: “Un cinturón, una carretera”. Parece ya muy lejano aquel año de 2013 cuando el presidente Xi Jinping hizo una propuesta para dar un vuelco radical al orden financiero y económico hasta entonces vigente.
Es lo que se conoce popularmente como “Nueva ruta de la seda”, un nombre mucho más fácil de retener que el oficial.
Poca gente se dio cuenta entonces de lo que representaba una iniciativa de estas características puesto que no sólo suponía el inicio de un nuevo orden económico, sino que iba acompañada de toda una revisión del sistema financiero en el que se sustentaba hasta entonces el mundo y que se basaba en el sistema de Bretton Woods que ha regido desde la II Guerra Mundial. Porque en paralelo a esta “Nueva ruta de la seda” se ponía en marcha el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), el organismo financiero que la da soporte.
Poca gente se dio cuenta entonces de que China es un país gobernado formalmente por el Partido Comunista, que la mayoría de sus grandes empresas y bancos están en manos del Estado y que, en síntesis, la “Nueva ruta de la seda” y todo lo que la acompaña representa una ambiciosa (y al mismo tiempo preocupante, para Occidente) expansión del capitalismo de Estado tanto en el ámbito económico como en el financiero. No hay que perder de vista que cuatro de los cinco bancos más grandes, en cuanto a volumen de dinero, reservas y negocios, son chinos. El otro es japonés.
Pero en lo que sí cayeron algunos, como EEUU, fue en que la “Nueva ruta de la seda” no sólo era la versión moderna de la abierta por la propia China hace más de 2000 años, sino que esta tenía un componente nuevo: no sólo era terrestre, sino que incluía el transporte marítimo. De ahí lo de “cinturón”, que hace referencia a un cinturón marítimo puesto que lo de “carretera” es evidente para el desarrollo por tierra. Teniendo en cuenta que el mar ha sido tradicionalmente el Talón de Aquiles de China, EEUU se puso manos a la obra para evitarlo e inició toda una estrategia de cerco marítimo, reforzando y multiplicando su presencia militar en los países asiáticos y oceánicos.
Este fue el eje sobre el que Obama quiso que pivotase su segundo mandato (1). Tenía claro que una combinación de poder territorial y marítimo suponía el fin de la hegemonía comercial estadounidense en Asia, por lo que pese a muchas reticencias terminó adhiriéndose a la Asociación Trans-Pacífico aunque su sucesor, Donald Trump, ha dado marcha atrás y ha retirado a EEUU de la misma. Ironías del destino, los ahora huérfanos países de la fenecida ATP quieren invitar a China a que forme parte de esa asociación, a la que dicen querer reformar de sus pretensiones iniciales, y China se está dejando querer.
Otros, como Rusia, vieron el cielo abierto con la iniciativa de “Un cinturón, una carretera”. Aunque no fue inmediato el interés que Rusia puso en ella, las sanciones que impuso EEUU en 2014 (a las que se sumó irreflexivamente la Unión Europea) hicieron que el sector euroasiático del Kremlin ganase finalmente el enfrentamiento con los euroatlánticos y la política tradicional del Kremlin de mirar a Europa cambió hacia Asia, hasta entonces considerado sólo un territorio secundario a excepción del correspondiente a los países que habían formado parte de la Unión Soviética. Y en Asia la potencia incuestionable es China.
China no dio este paso a la ligera. Lleva años de penetración callada en todos los continentes haciendo gala del “consenso de Beijing”, la considerada ideología oficial en política exterior y que, en síntesis, se basa en la multipolaridad, la no injerencia y la diplomacia. Tres aspectos que están en las antípodas de la forma en que EEUU (como el resto de países occidentales) se ha venido comportando para lograr su hegemonía mundial.
Son ya muchos los países de todos los continentes que han constatado que China apuesta por el desarrollo pacífico y por minimizar el conflicto para facilitar el desarrollo económico y las inversiones. Es una opinión muy extendida, sobre todo en los países africanos y asiáticos. Y son muchos los que ya contraponen este sistema al del FMI y al del BM. Pero a quien le corresponde hacer que la diferencia sea palpable en todo el planeta es a la misma China y aquí tiene un claro déficit: su propia situación interna (corrupción, desarrollismo a cualquier costo, aumento de la desigualdad social y conflictos sociales generados por todo ello) suele ser puesta de relieve por Occidente para atemperar las ansias de cambio de otros países y el que miren como nuevo referente económico y financiero a China.
Así que esta es una de las razones del giro interno dado no hace mucho por la dirección del PCCh, con el presidente Xi Jinping a la cabeza, y la lucha no sólo contra la corrupción sino contra la pobreza y un mayor interés en las cuestiones ambientales que se acaba de sancionar en la recién terminada reunión anual de la Asamblea Nacional Popular (5-15 de marzo).
Los pasos hacia el “gran salto”
En esta reunión se ha podido constatar que dentro del PCCh hay dos sectores, al igual que en el Kremlin, aunque no se les puede denominar igual que a los rusos pese a que tengan la misma o muy parecida orientación. Dentro del PCCh hay quien apuesta por una mayor rapidez en cuanto a desbancar a EEUU como superpotencia –sobre todo el sector vinculado con el Ejército- y quien dice que hay que ralentizar todo el proceso para evitar un enfrentamiento abierto en unos momentos en los que China aún está por debajo de EEUU en términos militares.
Este sector afirma que aunque China ya no está en una situación como la de las tres grandes crisis que ha sufrido en los últimos 20 años como consecuencia de la rápida integración a una economía globalizada (lo que consideran “crisis importadas”) y que ha resistido muy bien la penúltima agresión económica externa de 2015, cuando varios ataques simultáneos de los grandes intereses financieros, desde dentro y fuera de China, causaron importantes caídas en los mercados de valores y una reducción de las reservas de divisas, aún no se es lo suficientemente fuerte como para dar “el gran salto”.
Esta es la posición de la gran mayoría del sector gobernante, que ha retrasado todo lo que ha podido el sistema financiero alternativo (principalmente el BAII) y apuesta siempre que puede por mantener la supremacía del sistema de Bretton Woods (léase el FMI y el BM) hasta que llegue ese momento del “gran salto”. Así hay que interpretar las constantes apelaciones chinas a que el BAII “complementa” a esas dos instituciones.
Sin embargo, la situación de crisis mundial de los países capitalistas clásicos está haciendo casi imposible esa espera. El BAII es claramente ya la alternativa tanto al FMI como al BM y los hechos son tozudos al respecto: sólo en el año que lleva plenamente operativo ha concedido créditos, en yuanes, por un equivalente a los 48.000 millones de euros para financiar la friolera de 120 proyectos relacionados con la “Nueva ruta de la seda”. El último hasta el momento ha sido otorgado el pasado 13 de marzo a Filipinas –con lo que queda palpable el giro que da este país en sus relaciones exteriores, distanciándose aún más de EEUU- por un equivalente, en yuanes, a 6.900 millones de euros. Por el contrario, el Banco Asiático de Desarrollo, que lidera Japón y que también es subsidiario del BM, otorgó en 2016 únicamente 13'5 millones de euros para proyectos en infraestructuras aun reconociendo que la región necesita una inversión anual de 800 millones sólo en ese aspecto. Como se ve, la diferencia es abismal y los países asiáticos se dan perfecta cuenta de ello.
A estos proyectos y créditos hay que sumar los concedidos por China a América Latina –si bien no han sido realizados o bien bajo la cobertura del BAII sino del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (otra de las instituciones alternativas al FMI y al BM), como es el caso de los proyectos en Brasil, o bien de forma unilateral- y que suponen un total de 21.200 millones de dólares (aquí sí en esta moneda) superando, con mucho, lo concedido en el mismo tiempo por el BM y su subsidiario zonal, el Banco Interamericano de Desarrollo, y que ha sido de 11.600 millones en total.
Al mismo tiempo, China es el principal suministrador de créditos a 15 países africanos (de los 54 que componen el continente) y está cogiendo cada vez más fuerza incluso en la moribunda Unión Europea, donde ya es el principal socio comercial de Alemania (170 millones de euros de comercio anual), superando a los EEUU (165 millones de euros).
Por lo tanto, la tendencia es ya global e imparable. Este papel claramente hegemónico o, si parece muy fuerte la expresión, preponderante en las relaciones internacionales representa un contrapeso, quiérase o no, del sistema occidental basado en Bretton Woods y muestra que China tiene capacidad para dar un giro al sistema económico global. Si quisiera. Porque en estos momentos quien lleva la voz cantante en el Partido Comunista de China es el sector que quiere mantener a cualquier costa las conexiones con Occidente sin asustar demasiado.
Este sector no quiere convertir al BAII en la alternativa definitiva al FMI y al BM, de ahí la insistencia en que son instituciones “complementarias”, y tampoco quiere reemplazar al dólar como moneda de referencia del mundo a pesar de constatar una y otra vez que EEUU rescribe sus propias normas, como ha hecho con el FMI, por ejemplo, para responder a la subida de los rivales económicos. EEUU tuvo que admitir que el yuan formase parte de la canasta de monedas de reserva (divisas) del FMI pero al mismo tiempo impuso un cambio normativo en el que los préstamos emitidos en dólares deben ser pagados en su totalidad pero no así los de otras monedas. Eso perjudica de forma clara a China.
Sin embargo, las tensiones internas y la propia dinámica económica global, con un descenso de la hegemonía occidental y el creciente auge del resto (la propia China, así como India e, incluso, Rusia) hacen que ese reemplazo esté mucho más cerca de lo que a este sector le gustaría y el camino es cada vez más rápido hacia la igualdad yuan-dólar en cuanto al comercio internacional y transacciones financieras se refiere. El ser ya moneda de reserva en la canasta del FMI lo hace inevitable, aunque se podrá acelerar más o menos. Esa es la baza que ahora, después de la Asamblea Nacional Popular van a jugar los dirigentes chinos.
El BAII tiene ya su propio ritmo y su simple entrada en funcionamiento, en enero del año pasado, ha supuesto una mayor coordinación de los esfuerzos financieros de China para la exportación de capital, el fortalecimiento de los vínculos financieros con otros países, especialmente los asiáticos, y se ha otorgado más formalidad a esos vínculos dotándoles de un alcance mucho mayor que el económico. Ha puesto ya la base para una mayor influencia estratégica de China en todo el mundo y así lo han reconocido países aliados tradicionales de EEUU, como Alemania o Gran Bretaña, que se han sumado al BAII desoyendo a los estadounidenses. Es la primera vez en la historia reciente que EEUU (y Japón) queda fuera de una institución financiera de este relieve y pone de manifiesto que están empezando a surgir importantes contradicciones entre EEUU y sus aliados. El hecho ya mencionado de que China se haya convertido en el primer socio comercial de Alemania es suficientemente significativo al respecto.
Esto supone un espaldarazo al sector del PCCh que quiere ir más deprisa y desbancar a EEUU como superpotencia. Estamos en un momento histórico, dicen, “donde los planes de reformar la globalización prescindiendo del neoliberalismo para mejorar la vida del planeta están a punto de erosionar el orden liberal internacional que EEUU ha impuesto al mundo desde 1945”. Este sector está creciendo e imponiendo algunas cuestiones en el discurso, como quedó patente en la última cumbre del G-20, celebrada precisamente en China, cuando Xi Jinping hizo un llamamiento a una “nueva globalización” fuera de los parámetros neoliberales, de los valores occidentales y de sus instrumentos (2), haciendo hincapié en que cada país tiene que seguir su propio camino específico hacia el desarrollo “fuera del desastroso, largo y ruinoso camino de extender la democracia tal y como lo planteaba la antigua globalización”.
Por si no hubiese quedado claro el mensaje, en esta crucial reunión de la Asamblea Nacional Popular se ha contrapuesto la situación en los países occidentales (con referencias a EEUU y a la UE) con “la estabilidad del sistema comunista”. Y se ha utilizado una cita de Mao para afirmar que “la aparición de la crisis social del capitalismo es la evidencia más actualizada para mostrar la superioridad del socialismo y del marxismo”. Es la primera vez en mucho tiempo que se utiliza un lenguaje semejante, sobre todo cuando se añade que “la democracia de estilo occidental solía ser un poder reconocido en la historia para impulsar el desarrollo social, pero ahora se ha llegado a su límite (…) puesto que está secuestrada por los capitales y se ha convertido en el arma para los capitalistas que persiguen beneficios”.
Si China no está mostrando el camino, sí está diciendo “aquí estoy” y presentándose como una superpotencia estable, promocionando sus valores –tanto económicos como políticos- para encabezar esa nueva globalización que reclamó en el G-20. Incluso se llega a afirmar que se está casi en una situación inversa respecto a 1979, cuando China y EEUU restablecieron relaciones diplomáticas, y donde el impacto ideológico, institucional y económico de EEUU en China fue brutal y espectacular, pero ahora la situación es otra puesto que ya no es EEUU quien marca el paso en muchos aspectos, sino China. Incluso en un asunto de importancia capital: la cibernética.
China tiene el sistema más grande de telecomunicaciones del planeta, la red ferroviaria de alta velocidad más larga del mundo y ahora es quien utiliza la política industrial y comercial para dominar las tecnologías emergentes, quien hace inversiones masivas de capital como se ha apuntado antes y quien lleva nuevas ideas al mercado a escala mundial. Desde EEUU aún se dice que China no innova, que solo imita, pero pese a ello ya considera al país asiático como su gran rival pese a la retórica con la “amenaza rusa”.
La amenaza Trump
En EEUU están hoy más preocupados con los grandes planes económicos y financieros de China que con Rusia, pese a las apariencias. Trump se dio cuenta de ello cuando pretendió buscar un acercamiento a Rusia para debilitar la alianza estratégica que este país mantiene con China, pero la “rusofobia” del “estado profundo” le está haciendo desistir a marchas forzadas de ese acercamiento y China está sacando partido de todo ello mientras tanto.
China sabe que es una tregua temporal, que cuando se asiente Trump, gane o pierda su enfrentamiento con el “estado profundo”, no sólo van a volver las tensiones sino que se van a multiplicar. Y para ello tiene que estar preparada porque de ello depende el éxito de “Un cinturón, una carretera” dado que China ya ha dejado claro que pretende liderar el mundo a través de las infraestructuras.
China está construyendo todo un entramado financiero y económico que va a unir y enriquecer a las naciones y muchas de ellas ya han convertido a este país en su principal socio comercial. Para esto es el BAII, el corazón de toda la estrategia china y de la que la sangre es “Un cinturón, una carretera”. La torpeza de EEUU de no unirse al BAII está provocando que EEUU sea espectador de las grandes transformaciones que se están dando en el mundo. EEUU se ha pasado décadas sermoneando, y amenazando, a los países sobre mundo libre, democracia y todas esas monsergas mientras China se limita a construir aeropuertos, puertos y carreteras.
Por eso en estos momentos a EEUU sólo le queda el único recurso del que dispone en estos momentos para impedir ser desbancado como gran superpotencia: agitar las tensiones bélicas, como está haciendo ahora mismo en el Mar Meridional de China. Hoy por hoy su poderío militar es superior al chino. Pero eso está también cambiando y vemos cómo China está construyendo de forma acelerada toda una cúpula con la que va a proteger su estrategia de “Un cinturón, una carretera”.
Poder militar
Para que China sea de forma clara una superpotencia sólo le falta un elemento: poder militar. No hay más que mirar el desarrollo histórico de EEUU para darse cuenta de que su posición dominante como país se sustenta en la posición dominante del dólar, y ello ha sido posible por el apoyo, y la intimidación, que ha supuesto su poderío militar y su despliegue de bases por todo el mundo.
El dólar domina la economía mundial en tanto en cuanto continúe su superioridad militar y mantenga las bases militares estadounidenses que lo sustentan a lo largo de la Tierra. Mientras existió la URSS tuvo un cierto contrapoder que ahora no existe y por eso inició guerras (Yugoslavia, Afganistán), invasiones (Irak) y promovió derrocamiento de gobiernos (Libia) con un único fin: mantener el papel del dólar. Esto es difícilmente cuestionable en lo referente a Irak y Libia, dos países que habían mostrado su voluntad de deshacerse del dólar como moneda de cambio en las transacciones financieras y comerciales.
Para EEUU es vital que el dólar sea hegemónico, por lo que todo lo que socave este principio es una amenaza directa. En defensa de esta hegemonía monetaria EEUU utiliza muchos argumentos, desde las monsergas sobre la defensa del libre comercio hasta las sanciones y la guerra. Pero con China se está quedando sin ellos. Es imposible sancionar a la primera economía del mundo, como ya es reconocido de forma oficial incluso por la CIA (3), es difícil sostener el discurso sobre que China no es una economía de libre comercio –sobre todo después de que China forma parte de la OMC, pese a las reticencias sobre si cumple todos los parámetros- y es muy complicado ir a la guerra aunque no sea una opción que descarten los militaristas del Pentágono.
Por si acaso, el desarrollo chino en este aspecto es más que acelerado: su programa de misiles puede hundir portaaviones enemigos; las bases de EEUU en Japón y otros países cercanos están directamente amenazadas en caso de confrontación bélica; ha comprado los sofisticados sistemas de misiles defensivos rusos S-400 (por encima de ellos sólo están los S-500, de uso exclusivo ruso), así como un nuevo lote de aviones Sujoi-35 y Sujoi-37 que tan buenos resultados están demostrando en Siria; ha presentado su nuevo avión J-20, el más rápido en estos momentos y con el que EEUU pierde su superioridad aérea y ha anunciado que pronto contará con un motor de fabricación china y, lo más importante, está ampliando con una rapidez sorprendente su flota marítima anunciando que para finales de este año ya contará con un segundo portaaviones y que está iniciando la construcción de un tercero, así como submarinos, fragatas, corbetas y otras naves de combate. La meta es tener cinco en funcionamiento para 2020. Aún así aún estará lejos de EEUU en este aspecto, puesto que tiene 11 portaaviones, pero esa hipotética desventaja la suple con la cercanía de los puertos de abastecimiento y con los misiles anti-portaaviones como el “Viento del Este”.
El objetivo en este aspecto es claro y así lo ha refrendado, negro sobre blanco, la Asamblea Nacional Popular en la reunión que acaba de finalizar: sólo con un poder militar “adecuado” se podrá tener la certeza de que la estrategia económica y financiera diseñada cumple sus objetivos. Especialmente, en lo referente al control del comercio marítimo, al cinturón de la “Nueva Ruta de la seda”. Porque, como también se ha dicho, “como consecuencia de los cambios profundos que se están produciendo en el orden mundial, el país está dispuesto a hacer frente a cualquier tipo de situaciones complicadas tanto dentro como fuera de China”. Es la primera vez en la historia milenaria de China en la que se hace mención expresa de actuar más allá de sus fronteras. Es el paso adelante que asegura el cinturón y la carretera y que precede al “gran salto”.
Texto completo en: http://www.lahaine.org/china-el-cinturon-la-carretera
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2017.03.09 16:07 felipostero El envenenamiento con los pesticidas que se utilizan en la agricultura causa 200.000 muertes cada año. Informe de la Relatora Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver

Un informe de la Relatora Especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver, afirma que el envenenamiento con los pesticidas que se utilizan en la agricultura causa 200.000 muertes al año.
La relatora resalta el “enorme poder” del “oligopolio de la industria química”, donde tres grandes multinacionales, Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina y Dow-Dupont, controlan más del 65 por ciento de las ventas mundiales de plaguicidas y el 61 por ciento de las ventas comerciales de semillas.
El informe critica a los monopolios acusándoles de negar de forma sistemática la magnitud de los daños que provocan, así como de desarrollar tácticas agresivas y poco éticas en el ámbito de la mercadotecnia. Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina se niegan a divulgar sus propios estudios sobre los efectos nocivos de sus productos.
Elver acusa a las grandes multinacionales del sector de organizar campañas para desprestigiar a los científicos que sugieren esos peligros del uso de plaguicidas, y alerta de la existencia de “puertas giratorias” entre los organismos que elaboran las normas para el sector y la industria.
“Otras prácticas flagrantes son, por ejemplo, infiltrarse en los organismos federales de regulación”, señala el informe, que descalifica la venta en países en desarrollo de productos prohibidos en el propio, y cita el caso del monopolio Syngenta, que vende el polémico compuesto paraquat pese que lleva años prohibido en Suiza (sede de la compañía) y otros países.
“Los pesticidas peligrosos implican un costo considerable para los Gobiernos y tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a diversos derechos humanos y sometiendo a determinados grupos a un riesgo mayor de ver vulnerados sus derechos”, asegura el documento, que reconoce muertes por intoxicación, graves efectos para las personas y para el planeta, contaminación y degradación del suelo” y de las presiones de los monopolios sobre los Estados.
Para ilustrar el efecto negativo de los pesticidas, en su informe la Relatora Especial hace referencia, entre otros muchos, a casos como el uso del DCBP (un producto hoy prohibido y considerado cancerígeno) en plantaciones bananeras de todo el mundo, que dio lugar a casos de esterilidad en trabajadores expuestos en Davao (Filipinas).
Muchas empresas agroalimentarias aseguran que con el crecimiento drástico de la población humana, los plaguicidas son imprescindibles para la industria alimentaria. Sin embargo, Hilal Elver sostiene que tales afirmaciones son un mito.
La relatora advierte que los plaguicidas “no tienen nada que ver” con la tarea de acabar con el hambre, y matiza que los problemas que la humanidad afronta hoy en día no están relacionados con capacidades de la producción sino con la pobreza, la desigualdad y la distribución.
https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2017/03/el-envenenamiento-con-los-pesticidas.html
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2016.05.24 15:28 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista
¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 874 y 875 (4 de agosto y 1º de septiembre de 2006), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Hace dos años, dos intelectuales estadounidenses de izquierda, Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, produjeron una severa y amplia condena a la economía china de la era de “reformas” desde una perspectiva supuestamente marxista. Su artículo, “China y el socialismo: Reformas de mercado y lucha de clases”, fue publicado originalmente en Monthly Review (julio-agosto de 2004) y subsecuentemente publicado como libro. En particular, los autores se dirigen a los intelectuales “progresistas” que consideran a China un modelo exitoso de desarrollo económico alternativo a las “reformas estructurales” del neoliberalismo, dictadas por el imperialismo estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que han devastado a muchos países subdesarrollados. Hart-Landsberg y Burkett escriben: “No sólo discrepamos con los progresistas que ven en China un modelo de desarrollo (sea socialista o no); pensamos que el proceso por el cual llegaron a esta posición subraya un problema aún más serio: el rechazo general del marxismo por la comunidad progresista.”
Entre los “progresistas” con quienes discrepan está Victor Lippit, quien, con sus copensadores en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), respondió con algunos estudios críticos de “China y el socialismo”. A su vez, Hart-Landsberg y Burkett escribieron una larga réplica (Critical Asian Studies 37:4 [2005]).
Lippit, un político liberal que por mucho tiempo ha estudiado la economía china, es básicamente un partidario del programa de “reformas” orientadas al mercado, aunque con algunas críticas de izquierda. Por ejemplo, lamenta el deterioro en los sistemas de salud pública, especialmente en el campo, como “vergonzoso”. Para él, el régimen de Beijing debería gastar muchos más recursos en el cuidado de la salud, la educación y el mejoramiento de las condiciones de la población rural, incluso a costa de la reducción, por corto tiempo, del crecimiento económico como se mide convencionalmente. No obstante, Lippit es definitivamente un optimista sobre China; cita un estudio de Goldman Sachs, un banco inversionista de Wall Street, que proyecta que el producto interno bruto de China habrá sobrepasado al de Estados Unidos para 2041.
A pesar de sus diferencias, Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro comparten ciertas premisas básicas. Todos mantienen equivocadamente que las “reformas” orientadas al mercado han tenido como resultado la restauración del capitalismo en China y además que esto era inevitable. Para Lippit, la modernización de China requiere una continuación e incluso una integración cada vez mayor al sistema capitalista mundial. Él sostiene que “el capitalismo tendrá que haber concluido su papel histórico antes de que éste pueda ser suplantado”, agregando que “el capitalismo de estado benefactor del tipo de la Europa continental puede ser lo mejor que puede hacerse en el presente”. Para Hart-Landsberg y Burkett, un programa socialista en China o donde sea —el cuál identifican con la fórmula confusionista de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”— debe tener poco o nada de comercio con los males corruptores del mercado capitalista mundial.
De manera más crucial, todos rechazan la posibilidad de revoluciones socialistas proletarias en los países capitalistas avanzados en cualquier periodo de tiempo históricamente significativo. Lippit lo hace explícitamente, Hart-Landsberg y Burkett implícitamente. Por tanto, la perspectiva trotskista de la modernización de China en el contexto de una economía socialista integrada y planificada a escala mundial está fuera de las fronteras conceptuales de estos protagonistas. Pero este marco, la antítesis del dogma nacionalista maoísta-estalinista de construir el “socialismo en un solo país”, es el único camino para la completa liberación de los trabajadores y las masas campesinas de China.
China hoy: Mitos y realidades
El gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) bajo Deng Xiaoping introdujo su programa de reformas orientadas al mercado pocos años después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Esto incluyó abrir a China a un enorme volumen de inversión directa de capital concentrado en la manufactura, que subsecuentemente atrajo, por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía China de ultramar. Los ideólogos burgueses convencionales han señalado el impresionante crecimiento económico de China, especialmente industrial, como prueba positiva de la superioridad de un sistema impulsado por el mercado sobre una economía centralmente planificada y colectivizada (despectivamente llamada “economía comandada” socialista). Por su parte, Lippit es representante de una capa de intelectuales de centro-izquierda que sostienen que China es un excelente ejemplo de una estrategia económica antineoliberal exitosa, basada en un nivel significativo de propiedad estatal y sobre todo en la dirección estatal de la economía.
Esta última perspectiva tiene el mérito de reconocer, a su manera, que los elementos centrales de la economía china, establecida después del derrocamiento del sistema capitalista con la Revolución de 1949, permanecen colectivizados. Las empresas estatales son dominantes en el sector estratégico industrial, tal como el acero, metales no ferrosos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, energía eléctrica y refinación y extracción de petróleo. La nacionalización de la tierra ha impedido el surgimiento de una clase de capitalistas agrarios a gran escala que dominen socialmente al campo. El volumen de superávit económico generado fuera del sector de propiedad extranjera es canalizado tanto a los bancos estatales como a la tesorería gubernamental. El control efectivo del sistema financiero ha permitido hasta ahora al régimen de Beijing proteger a China de los movimientos volátiles del capital monetario especulativo que periódicamente causan grandes estragos en los países capitalistas neocoloniales desde el este de Asia hasta América Latina.
Ahora es un lugar común a través de todo el espectro político y geográfico, desde los voceros del régimen del PCCh hasta los analistas de Wall Street, proclamar que China ha avanzado mucho en el camino para convertirse en una “superpotencia” económica mundial hacia la mitad del siglo XXI. Esta perspectiva ignora la vulnerabilidad económica de China en sus relaciones con el mercado capitalista mundial. Ignora la implacable hostilidad de la burguesía imperialista, sobre todo de la clase gobernante estadounidense, hacia la República Popular China, un estado obrero burocráticamente deformado resultado de la Revolución de 1949. Es más, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china, la cual ha visto un significativo y creciente nivel de protestas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático del PCCh.
En los últimos años, la estrategia económica seguida por el régimen del PCCh ha sido diseñada para lograr un enorme superávit en la balanza comercial con Estados Unidos, lo cual ha llevado a China a ser el más grande poseedor de reservas de divisas extranjeras en el mundo. Esto ha generado crecientes presiones por un proteccionismo económico antichino en los círculos gobernantes estadounidenses. En cualquier caso, tan solo el tamaño del déficit comercial con China será insostenible. Un mayor declive económico en Estados Unidos y/o medidas proteccionistas antiimportación significarían un severo golpe a la economía industrial china. Operaciones de propiedad extranjera y de propiedad conjunta y compañías privadas chinas, así como algunas empresas estatales cuya producción está orientada al mercado de exportación, serían forzadas a llevar a cabo grandes recortes de producción y despidos tanto de obreros industriales como de empleados de oficina. Esto tendría un fuerte efecto depresivo en toda la economía china.
Recientemente, China ha empezado a abrir parcialmente sus bancos a la propiedad extranjera. Si los banqueros de Wall Street, Frankfurt y Tokio adquieren un grado significativo de control sobre el sector financiero chino, los efectos económicos serán probablemente terribles. Algunas empresas estatales grandes con amplias deudas podrían ser forzadas a disminuir la producción y recortar las nóminas. Incluso podría haber un peligro real de una inesperada y masiva retirada de capital monetario, tal como la que provocó la crisis financiera y económica en el este asiático a finales de la década de 1990.
Según la opinión pública burguesa convencional, el capitalismo ya ha sido restaurado en China o está siendo rápida e irreversiblemente restaurado. Sin embargo, como fue el caso de la antigua Unión Soviética, la arena decisiva en la cual una contrarrevolución capitalista tendría que triunfar es al nivel político, en la conquista del poder estatal, no simplemente mediante una extensión cuantitativa del sector privado, ya sea doméstico o extranjero. A su propia manera, la burguesía imperialista, en especial la clase dominante estadounidense, entiende muy bien lo anterior. De ahí el abierto respaldo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia los partidos y fuerzas agresivamente anticomunistas en el enclave capitalista de Hong Kong, una antigua colonia británica que es la única parte de la República Popular China (excepto Macao) donde el PCCh no ejerce el monopolio del poder y organización políticos. Por ende, también los gobernantes de Estados Unidos insisten en la necesidad de una “liberación política” en China.
Aspirando a repetir la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, los imperialistas quieren promover una oposición política anticomunista en China, basada principalmente en la nueva clase de empresarios capitalistas y los elementos entre los funcionarios del PCCh y el estrato de gerentes-profesionistas-tecnócratas atados estrechamente al capital nacional y extranjero.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense ha estado incrementando la presión militar sobre China, construyendo bases en Asia Central, intentando rodear a China con instalaciones militares y estableciendo un pacto con Japón el año pasado para defender el bastión capitalista de Taiwán, cuya burguesía sostiene considerables inversiones en la China continental. El Pentágono está tratando de llevar a cabo una estrategia abiertamente anunciada por la pandilla de Bush en Washington para neutralizar el pequeño arsenal nuclear de China en caso de un primer ataque nuclear estadounidense. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional de China y los estados obreros burocráticamente deformados restantes —Corea del Norte, Vietnam y Cuba— ante un ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. En particular, apoyamos las pruebas y posesión de armas nucleares de China y Corea del Norte, como una medida disuasiva necesaria contra un chantaje nuclear imperialista.
A pesar y en parte debido a su rápido crecimiento económico y especialmente industrial, China ha llegado a ser una caldera hirviente de descontento popular. Un enorme y estratégicamente poderoso proletariado industrial enfrenta a una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Como parte de sus reformas orientadas al mercado, el régimen estalinista de Beijing ha dejado sin recursos financieros al servicio de salud pública y la educación primaria, cuando, más que nunca antes, tales recursos están disponibles para solventar las necesidades básicas del pueblo trabajador chino. Han ocurrido extensas y continuas protestas obreras contra despidos en empresas estatales, por salarios, pensiones y otras prestaciones no pagadas, y abusos similares. Furiosas protestas de campesinos son muy comunes en el campo, y frecuentemente incluyen enfrentamientos violentos con la policía, contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales del PCCh dedicados a la especulación inmobiliaria.
La burocracia gobernante está claramente dividida entre los elementos que quieren que las “reformas” económicas continúen sin perder intensidad, y los que quieren más intervención estatal para frenar los estragos de la mercantilización y, por lo tanto, contener el descontento, y otros que procuran regresar a la economía burocráticamente planificada. En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista.
Nosotros estamos por una revolución política proletaria que barra con la opresiva y parasitaria burocracia estalinista y la remplace con un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos democráticamente electos. Tal gobierno, bajo la dirección de un partido leninista-trotskista, restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal del comercio exterior— no por el arbitrario “comandismo” de una casta burocrática excluyente (que ha producido desastres tales como el del “Gran Salto Adelante” de Mao a finales de los años 50), sino por la más amplia democracia proletaria. Este gobierno expropiaría a la recién surgida clase de empresarios capitalistas chinos y renegociaría los términos de la inversión extranjera según los intereses de la población obrera china, insistiendo, por ejemplo, en mantener las condiciones de los trabajadores por lo menos al mismo nivel que en el sector estatal. Un gobierno obrero revolucionario en China promovería la colectivización voluntaria de la agricultura sobre la base del cultivo mecanizado y científico a gran escala, reconociendo que esto requiere ayuda material sustancial de revoluciones obreras exitosas en los países económicamente más avanzados.
Una revolución política proletaria en China alzando la bandera del internacionalismo socialista sacudiría en verdad al mundo. Haría añicos el clima ideológico de la “muerte del comunismo” propagado por las clases gobernantes imperialistas desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, la fuerza industrial y el amo imperialista del este asiático. Provocaría una lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante una revolución política en la asediada Corea del Norte y una revolución socialista en la Corea del Sur capitalista— y reverberaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, subyugadas por la austeridad imperialista. Sólo mediante el derrocamiento del dominio de la clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de América del Norte, Europa Occidental y Japón, puede conseguirse la completa modernización de China como parte de un Asia socialista. Es con el fin de proporcionar la dirección necesaria del proletariado en estas luchas que la Liga Comunista Internacional lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, el partido mundial de la revolución socialista.
El desarrollo económico y la perspectiva mundial comunista
La diferencia entre Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro no es fundamentalmente sobre una evaluación empírica de las condiciones socioeconómicas cambiantes en China durante el pasado cuarto de siglo de la era de “reformas”. Por supuesto que tienen diferencias importantes al respecto —por ejemplo, sobre en qué medida cuantitativa se ha superado la pobreza—. Pero lo que básicamente separa a Hart-Landsberg y Burkett de Lippit es lo que podría nombrarse una jerarquía de valores diferente. Los primeros elevan los antiguos valores de igualdad y comunalidad por encima de la expansión de las fuerzas productivas, ignorando que esto último es una condición necesaria para la liberación de la mayoría de la humanidad de la escasez y el trabajo penoso. Así, argumentan en su réplica: “El éxito de China según los criterios de desarrollo estándares (crecimiento económico, afluencias de inversión extranjera directa y exportaciones), lejos de crear las condiciones para el éxito real o potencial en lo referente al bienestar humano, pudo haber minado, en cambio, las condiciones del desarrollo humano para la mayoría de la población trabajadora china.”
No menos que Lippit, o incluso que los partidarios del neoliberalismo, Hart-Landsberg y Burkett creen que el capitalismo en su presente forma “globalizada” se ve forzado a maximizar el crecimiento económico medido a través del incremento de los bienes y servicios. Esto es directamente contrario al entendimiento marxista de que el modo de producción capitalista y el sistema estado-nación, los cuales están enraizados en el impulso por la acumulación privada de ganancias, detienen el desarrollo progresista de las fuerzas productivas a escala mundial. Un ejemplo es el profundo y creciente empobrecimiento de las masas del África semicolonial, América Latina y partes de Asia.
Escribiendo a principios de los años 30 en el contexto de la depresión económica mundial y el resurgimiento de las rivalidades interimperialistas que pronto llevaron a la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky explicó:
“El capitalismo se ha sobrevivido a sí mismo como sistema mundial. Ha dejado de cumplir su misión esencial, el incremento del poder y el bienestar humano. La humanidad no puede permanecer en el nivel que ha alcanzado. Sólo un poderoso incremento en las fuerzas productivas y una organización de la producción y la distribución racional y planificada, esto es, socialista, puede asegurar a la humanidad —a toda la humanidad— un nivel de vida decente y al mismo tiempo darle el precioso sentimiento de libertad con respecto a su propia economía. Libertad en dos sentidos —primero que nada, el hombre no estará más obligado a dedicar la mayor parte de su vida al trabajo físico. Segundo, ya no será más dependiente de las leyes del mercado…
“La tecnología liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos —tierra, agua, fuego y aire— sólo para sujetarlo a su propia tiranía. El hombre dejó de ser un esclavo de la naturaleza para convertirse en un esclavo de la máquina, y todavía peor, un esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testifica de manera especialmente trágica cómo el hombre, que se sumerge al fondo del océano, que se eleva a la estratosfera, que conversa a través de ondas invisibles con las antípodas, cómo este orgulloso y osado gobernante de la naturaleza permanece siendo esclavo de las fuerzas ciegas de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en remplazar el incontrolable papel del mercado por la planeación razonable, disciplinando las fuerzas de la producción, obligándolas a trabajar juntas en armonía y obedientemente para servir a las necesidades de la humanidad. Sólo sobre esta nueva base social el hombre será capaz de estirar sus cansados miembros y —todo hombre y toda mujer, no sólo unos pocos seleccionados— convertirse en un ciudadano completo en el reino del pensamiento.”
—“En defensa de la Revolución Rusa” (1932), reimpreso en Leon Trotsky Speaks [Discursos de León Trotsky] (1972)
Esta genuina visión marxista del futuro es completamente ajena al pensamiento de Hart-Landsberg y Burkett.
Panaceas anarco-populistas...
Lo que Hart-Landsberg y Burkett contraponen al neoliberalismo es la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”. Tanto el término como el concepto son totalmente ajenos al marxismo. “Comunidad” es un término convencional burgués que sirve para oscurecer las divisiones de clase y los conflictos de intereses en la sociedad. Aplicada en particular a China, la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” oscurece la diferencia de clases entre los trabajadores y los campesinos. El último es un estrato pequeñoburgués cuyos ingresos se derivan de la propiedad y venta de bienes. Los campesinos tienen un interés material en que los productos comestibles y otros productos agrícolas que ellos venden tengan precios altos en comparación con los precios de los bienes manufacturados que deben comprar tanto para la producción (por ejemplo, fertilizantes químicos, equipo de cultivo) como para el consumo personal. Además, el interés de los campesinos por los precios altos en los productos comestibles no es eliminado mediante la transformación de las parcelas familiares en colectivos agrícolas. El ingreso para los miembros de los colectivos sigue dependiendo en gran medida de los precios que reciben al vender su producción, ya sea a una agencia gubernamental de aprovisionamiento o en el mercado privado.
A pesar de declararse marxistas, la perspectiva de Hart-Landsberg y Burkett equivale a una forma de anarco-populismo. Su noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” tiene una afinidad con el clásico programa de una federación de comunas políticamente autónomas y en gran medida económicamente autosuficientes asociado con el aventurero anarquista Mijaíl Bakunin en el siglo XIX. Esto puede observarse en la naturaleza de su crítica a la economía china durante la era de Mao, al sostener que la sobrecentralización de la economía fue ineficiente y, de manera más importante, al identificar implícitamente una economía centralmente planificada con control político autoritario:
“La planificación económica se había vuelto sobrecentralizada y, conforme la economía se volvía más compleja, incapaz de responder efectiva y eficientemente a las necesidades de la gente...
“Había una necesidad crítica de construir sobre la solidez de los logros obtenidos por China en el pasado y de conferir poder a los obreros y campesinos para crear nuevas estructuras de toma de decisión y planificación. Entre otras cosas, esto implicaba una reestructuración y descentralización de la economía y de la toma de decisiones por parte del estado para aumentar el control directo de los productores asociados sobre las condiciones y productos de su trabajo.”
Hart-Landsberg y Burkett condenan las crecientes desigualdades generadas por el programa de “reformas” orientadas al mercado. No obstante, lograr un nivel uniforme de salarios y prestaciones en todas las diferentes empresas, industrias y regiones necesariamente requiere una economía centralmente administrada. Solamente un sistema así es capaz de redistribuir los recursos económicos de las empresas, industrias y regiones más productivas hacia las menos productivas.
En las aproximadamente 150 páginas de “China y el socialismo” y la réplica a Lippit y otros, Hart-Landsberg y Burkett no explican cómo una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” funcionaría en los hechos. La mayor parte del tiempo usan esa formulación como un mantra para espantar a los males del neoliberalismo. En algún momento dan como un ejemplo hipotético “la creación de un sistema nacional de salud”, explicando que:
“esto requeriría desarrollar una industria de la construcción para edificar clínicas y hospitales, una industria farmacéutica para tratar enfermedades, una industria de máquinas-herramientas para hacer equipo, una industria de programas de computación para llevar un registro y un sistema educativo para entrenar doctores y enfermeras, etc., todo determinado por el desarrollo de las necesidades y capacidades de la población a los niveles local, nacional y regional.”
En ningún lugar mencionan las instituciones políticas y mecanismos económicos estructurales necesarios para lograr esta loable tarea. ¿Cómo se determinaría la fracción del total de recursos económicos disponibles a gastar en el sistema de salud, y no en otras necesidades tales como la inversión en la expansión industrial y la infraestructura, defensa militar, educación, pensiones, etc.? La coordinación de actividades económicas diferentes (por ejemplo construcción, equipo médico, programas de computación) para desarrollar el sistema de salud requeriría una planificación y administración centralizada. Tal sistema es totalmente compatible con la participación democrática activa de los trabajadores en el lugar de producción, por ejemplo, aconsejando sobre el mejor uso de la tecnología, estableciendo y reforzando estándares seguros, manteniendo una disciplina laboral y cosas por el estilo. La división del total de los recursos económicos entre necesidades contendientes debería ser debatida y decidida en el nivel más alto de un gobierno basado en la democracia proletaria, es decir, un gobierno de consejos obreros y campesinos. La democracia proletaria es esencial para el funcionamiento racional de una economía planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2015.05.11 13:09 qryq China humilla a Estados Unidos y marca el ritmo de la nueva geopolítica (y 2).

¿Qués es el BAII?
El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras fue propuesto en octubre de 2013 por el presidente chino, XI Jinping, en un discurso ante el parlamento de Indonesia y se constituyó formalmente el 24 de octubre de 2014 en una ceremonia en Beijing con los representantes de los 21 países inicialmente considerados fundadores: China, India, Tailandia, Malasia, Singapur, Filipinas, Pakistán, Bangladesh, Brunei, Camboya, Kazajstán, Kuwait, Laos, Myanmar, Mongolia, Nepal, Omán, Qatar, Sri Lanka, Uzbejistán y Viernam. Es curioso que Indonesia, el país donde se propuso, no farmarse parte inicialmente del mismo, aunque un mes más tarde rectificó y solicitó su ingreso como miembro fundador. Y es significativo que dos países con los que China tiene litigios históricos, como India y Viernam, se hayan unido desde el primer momento, porque pone de manifiesto que la política que se recoge en el "Consenso de Beijing" es algo más que una mera retórica.
Como también se ha dicho antes, en la actualidad son 57 los países que forman parte del BAII, entre ellos Rusia, Sudáfrica, Irán y Brasil. En total, son 34 países asiáticos, 18 europeos, 2 africanos, 2 oceánicos y un latinoamericano.
Tiene como objetivos la infraestructura básica, la electricidad, el acceso al agua potable, la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales y medios de transporte. Tendrá una capitalización cercana a los 100.000 millones de dólares, en su mayor parte proporcionados por China.
No obstante, y para diferenciarse de Estados Unidos en el BM y el FMI, China rechaza expresamente tener la mayoría del capital en votos por lo que su decisión nunca será un motivo de bloqueo mecánico. En el FMI basta con que EEUU diga que no para que algo no se haga. En el BAII no habrá una situación similar y no habrá condiciones a los países, al estilo de los "programas de ajuste" del FMI, porque con el BAII <>, como no hacen el FMI o el BM. Es decir, por mucho que algunos quieran hacer ver que el BAII es un "complemento" del FMI y el BM, no tiene nada que ver, es su claro reemplazo.
China no quería bajo ningún concepto que se pudiese comparar con su modelo de "poder blando" con los métodos utilizados por Estados Unidos en los últimos 70 años con las instituciones surgidas de Bretton Woods. Es decir, sin ser considerado un país que se entromete en los asuntos de los países y con presiones políticas en ellos. Eso lo logra claramente con el BAII.
Pero también China lleva años fortaleciendo su moneda, el yuan o remimbi, internacionalizados ya de hecho, que no de derecho y que en su prioridad número uno es la presión que viene haciendo para que se revisen las cuotas de la cesta de la moneda de reserva del FMI. Ese es el comienzo del fin del dólar, la baza estratégica de China porque no falta mucho para que el yuan o remimbi (que significa "moneda del pueblo") va de forma clara a convertirse en moneda de reserva mundial, disputando la hegemonía del dólar.
En la actualidad, el yuan ya es el quinto medio de moneda de pago de los países, y eso que no es una divisa internacional aún. Mientras la moneda china sube, el dólar baja. Por ejemplo, si hace cinco años el dólar suponía el 72% de las reservas de divisas del mundo, ahora es sólo el 62%, mientras el yuan ya está al 2,9% (y no es divisa internacional todavía) y las previsiones son que este mismo año se sitúe en el 10% si, tal y como quiere China y se verá obligado a reconocer el FMI, la moneda china pasa a ser parte del sistema de derechos especiales de giro. El camino de la desdolarización se acelera, y tanto China como Rusia tienen mucho que ver en ello.
El BAII se suma a otra iniciativa que ya está en marcha y que será operativa el año que viene: el Banco de Nuevo Desarrollo de los BRICS. En él China también va a tener una participación mayoritaria, el 41% del capital. Serán otros 100.000 millones de dólares, de los que Rusia, Brasil e India pondrán cada uno 18.000 millones, Sudáfrica 5.000 millones y el resto China. Luego en el 2016, habrá otro orden geopolítico claro, especialmente en el ámbito económico aunque no sólo. Todos los países BRICS están también en el BAII.
Esto es lo que preocupa a Estados Unidos y a la Unión Europea. Por eso los esfuerzo de Washington para contener lo incontenible. El nacimiento de una estructura multilateral debe ser bienvenido porque asentado el poder económico, vendrá un subyacente poder militar capaz de bloquear a la OTAN. En este sentido, es relevante lo que ocurra este año en la XIV Cumbre de Jefes de Gobierno de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) que tendrá lugar en China, aún sin tener fecha señalada, aunque inicialmente se hablaba de ella para este verano. No obstante, y dado que Irán a pedido ser miembro de pleno derecho de la OCS y que el 30 de junio es la fecha tope para la firma definitiva o no del acuerdo sobre su programa nuclear, es muy probable que se retrase dicha cita hasta finales de año, si el acuerdo finalmente no se rubrica, dado que Irán habla de que sólo habrá firma final si ese mismo día se levantan las sanciones a que está sometido, a lo que se opone Estados Unidos.
Adios a la Asociación Trans.Pacífico (ATP)
Pero esto no es todo. El BAII ha herido de muerte a la Asociación Trans-Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Viernam) que con tanto empeño y cuidado montó Estados unidos para dejar fuera a China. Ahora los chinos le han devuelto el golpe, y con creces. También por la chulería y prepotencia de Estados Unidos, que durante tres años ha estado retrasando el acuerdo final de la ATP por un enfrentamiento con Japón y Canadá por temas agrícolas y de la industria automotriz. A primeros de este año el Congreso de los Estados Unidos decidió retrasar el tema hasta 2017, lo que dio argumentos a algunos de los integrantes de la ATP (como Australia y Singapur, por ejemplo) para sumarse al BAII. Ahora, una vez que estos dos países han decidido formar parte del BAII, el Comité del Congreso estadounidense ha decidido tramitar la ATP "por la vía rápida". Pero, al igual que con el dilema al que se enfrenta Japón, aunque se haga, también llega tarde.
Este impasse ha sido, también, aprovechado por China, que ha propuesto que una vez esté en marcha el BAII, se ponga en funcionamiento el Área de Libre Comercio del Asia-Pacífico, con lo que liquida la ATP. Aquí los países latinoamericanos tendrán que estar, algo que ahora no han hecho en el BAII.
Tomando todo esto en conjunto, representa la más formidable humillación hecha jamás a Estados unidos y el desafío geopolítico de este siglo XXI que se va a parecer muy poco al siglo XX. Es cierto que aún hay incógnitas que despejar, como si el proceso de desdolarización de la economía va a ser lento o rápido y, por el momento, tanto el BAII como el BD de los BRICS van a funcionar con dólares- pero es un hecho que todo indica que esto es coyuntural, como se ha indicado antes con el interés de China por internacionalizar el yuan o remimbi.
Estamos asistiendo a la profundización estratégica de China y a unos momentos que pasarán a la historia. La creación del BAII supone el fin del rol de Estados unidos como garante del sistema económico mundial. No es extraño que China haya considerado "una aplastante victoria" la incorporación de tantos países al BAII pese a las presiones de Estados Unidos.
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